
Semana vertiginosa, en resumen muchas cosas buenas en lo profesional y material, lleno de retos y desafíos y hasta ahora todos cumplidos de manera satisfactoria. Debería venir ahora un momento de paz y de disfrutar un poco, como cuando después de una larga y trabajosa faena te sientas en una sombra a ver tu trabajo y que el viento te golpee con la suave brisa de la satisfacción de ti mismo.
Sin embargo,no puedo librarme de la tediosa contradicción de no sentirme satisfecho. Y no es que sea demasiado exigente conmigo mismo, o que sea preso de la codicia absoluta de querer más, es mucho más simple y complejo que eso a la vez. Hoy más que nunca siento un vacío al lado, alguien que me acompañe en la sombra, que sienta esa brisa satisfactoria conmigo, alguien que me haga reír o que al menos yo la haga reír. No pido que me acompañe hasta que las estrellas sean cortinas de fondo de la luna llena, aunque también lo deseo; pero que al menos esté en el atardecer, en esa calidez tranquila y no asfixiante que el sol emana cuando se oculta y deja ese juego variado de colores en el cielo y si el mar está como espejo abajo mucho mejor. Ahí está la silla al costado, por si acaso llegaras.
