jueves 13 de septiembre de 2007

Regresan los tiempos difíciles.

En los años funestos del gobierno de Fujimori mucha gente estuvo cegada hasta el final de ese oscuro gobierno. El despertar se dio cuando fue evidente y descarado el abuso de poder secuestrando los medios de comunicación por completo. Cuando el silencio se convirtió en ordenanza y el reclamo se transformó en delito. Hoy en forma soterrada y sistemática se está haciendo lo mismo. Alan García cree hoy más que nunca que la gobernabilidad pasa por la censura.

Mas allá de la política económica que decidió adoptar traicionando a los que votaron por él (¿recuerdan el cambio responsable?), está el hecho de ir más allá y de coquetear con el autoritarismo. Hoy todos los medios embrujados por el neoliberalismo celebran los actos de un presidente víctima de una lobotomía, le cercenaron por completo el hemisferio izquierdo. Mientras que el pueblo se enfrenta más, unos con otros los peruanos se ven diferentes, las provincias se sienten más distantes. ¿Alguien dijo regionalización? Otra burla del centralismo limeño. Las brechas son ahora mayores. El descontento es mayoría en el Perú. Pero los medios no hablan de las mayorías.

Sin embargo hay pequeñas luchas, como la de radio Cutivalú que se niega a aceptar publicidad del Estado y por tanto satanizada desde Lima. Su pecado: defender a sus pueblos de la posible contaminación ambiental que produciría el proyecto Río Blanco en Majaz, Ayabaca y Huancabamba informando a la población del impacto de la actividad minera en la zona. La población de estos pueblos de Piura concientes de su futuro y el de sus hijos, prefieren luchar en su pobreza para salir adelante a recibir los millones con que la minera pretende pagarles para ennegrecer sus cielos y contaminar sus ríos. En su lucha tienen la herramienta del referéndum para hacer valer sus derechos. El estado les niega esa posibilidad declarando de ilegal ese referéndum. Y demostrando todo su poder el Estado decide comprar los pequeños medios que movilizan a estas poblaciones mostrándoles la jugosa manzana de la publicidad estatal, que entre otras cosas usa mentiras para confundir y engañar a estas poblaciones. La valerosa radio Cativalú se niega a aceptar la propuesta y muestra las falsedades del mencionado spot.

Mientras tanto en Lima los acorazados mediáticos dirigen sus artillerías hacia Piura, tildando a la radio de censuradora, de generar el caos y de llamar a sus pobladores poco más que incivilizados y destinados al atraso y la pobreza. Del Castillo estudia ahora con Alan la manera “legal” de cerrar la emisora con el apoyo de todos los medios de comunicación alineados con esta política del paraíso neoliberal. Ya se bajaron una radio en Pisco (merece un post separado), ahora hay que bajarse a esta y mostrar el brazo duro del poder. Algunos dirán con Tambogrande ya tuvieron suficiente, no más.