Qué hacer cuando el terror te atrapa de pronto. Cuando el peligro se hacer real, cuando las pesadillas habituales no tendrán un desesperado despertar. Basta unos segundos para que el miedo inunde tu cuerpo con impulsos nerviosos que toman el control de tus actos, y tu mente se encuentra raptada, alejada más que nunca de la razón y la cordura. El miércoles 15 de agosto no fueron algunos segundos de pavor, fueron miles de ellos, infinitos precisaría, los que me trajeron el oscuro y feo rostro del miedo. Y no fueron los movimientos compulsivos de un letrero en un décimo piso en un edificio, tampoco los ondulantes devaneos de un poste atraído hacia el piso, ni siquiera los retumbantes sonidos de los vidrios del edificio cercano, prestos a precipitarse sobre los que consternados veíamos todos estos signos a nuestro alrededor. No, tampoco fue la desesperación que atrapó a todas las personas que corrían sin rumbo fijo buscando una salvación más imaginaria que nunca. Ni mucho menos la constatación del poder de la naturaleza y de la tierra enojada que me elevaba y bajaba centímetros del nivel normal. El pánico llegaría luego, minutos después de vuelta la calma. Cuando la tierra acabó con su lección para la humanidad, esa que nos tiene que hacer entender que solo estamos de paso y que tenemos una responsabilidad con los que vendrán después para cuidarla y conservarla, entonces se apoderó de mí el terror de no poder comunicarme con los que quiero, constatar que están bien como yo, escuchar de sus voces que solo fue un susto y que están juntos y sanos. Usaba los teléfonos de casa, los celulares y nada, fueron minutos angustiantes, estaba muy lejos y observar la desesperación del resto de la gente que colmaba las calles de forma desordenada y desesperada me llevaba a entender que me contagiaría de ese delirio agobiante. Preferí insistir, pero nada, las líneas de los teléfonos móviles estaban muertas, hasta que eternos minutos después me permitirían escuchar con ansiedad el tono de llamada entrante. Todos bien, preocupados por mí, tanto como yo por ellos. Gracias a quien sea, a quien con corresponda en todo caso. Porque claro, Dios se hace presente más en estos casos, pero no importa que túnica usa o de que color es su piel o en que idioma hay que usar las plegarias, El está presente. Después constataría trágicamente que kilómetros al sur medio millar de personas no tuvo tiempo de nada y que casi 80,000 personas rezarán al cielo que ahora es su techo y añadirán a sus plegarias un ¿Por qué?
viernes 17 de agosto de 2007
Cuando la tierra habla
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1 comentarios:
Relato de una historia muy trista pero muy cierta. Aquel 15 de Agosto quedó marcado para todos los que de una u otra manera sentimos la angustia y el golpe de la naturaleza.
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